Nacer a cualquier precio

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Nacer a cualquier precio

El otro día publicaban un reportaje en televisión que se centraba en diferentes historias de personas que vivían en campos de refugiados. Y llamaba la atención el testimonio de un de ellos, que había llegado hace 7 años, con mujer y tres hijos pequeños. Este hombre, con una vida muy poco digna, en condiciones inhumanas, y con un futuro muy poco esperanzador dentro del campo de refugiados, había traído al mundo dos nuevas criaturas. ¿Donde está el sentido ético de esta persona? ¿En que pensaba para dar vida a dos niños más?, que desde que nazcan carecerán de recursos, de oportunidades, y de la mas mínima opción de salir adelante en un entorno totalmente hostil que no podrá ofrecerles nada. 

Esto, trasladado a nuestro “primer mundo”, ocurre cada día. Por el capricho de traer descendencia al mundo, y porque aun sigue en el aire esa estúpida idea de que una mujer que no ha sido aun madre cerca de los 30, debe llevar ya la bombilla roja de “urgente procrear”. Como si criar un hijo fuese algo tan básico como el “ya os toca”. Y como si no hubieran mil condicionantes que todos deberían analizar bien antes de decidirse a tan colosal decisión. La más importante a la que debe hacer frente el ser humano.

Pero no. Tenemos hijos porque ya va tocando. Tenemos hijos porque “se pasa el arroz”, porque los demás también tienen, porque en tu entorno ya están todos criando. Tenemos uno, y luego tenemos otro porque es lo normal. Después del primero, tenemos el segundo para que tenga un hermanito. O porque siempre quisimos tener dos. O porque tuve niña y ahora quiero a ver si me sale niño. E incluso habrá gente que tendrá el segundo, porque el primero le ha salido medio tonto, y a ver si este le sale un poco más espabilado. De verdad, ¿pero sabemos lo que estamos haciendo?

Seguramente muchos pensareis que no es vuestro caso, que vosotros habéis criado o estáis haciéndolo de manera responsable, con todo el cariño y los medios necesarios para ello. Pues nadie mejor que vosotros para saber que tener un hijo es la mayor responsabilidad que existe, y para conocer de primera mano que muchos no están preparados para ello, y aún así se lanzan a la aventura, como quien se compra un periquito.

Claro que hay que tener hijos. Y claro que será lo mas bonito del mundo. Es algo que llevamos dentro, y que sale casi por instinto. Pero.. ya perdimos el pelo en el cuerpo hace miles de años, aprendimos a hablar, y algunos incluso a pensar. ¿Y que pasa? ¿Que se nos olvidó pensar? Queremos tener descendencia y… ¿ya está?. No analizamos previamente si podemos, si tenemos los medios para darle una vida adecuada, si somos suficientemente responsables o si en nuestra vida no hemos sido capaces ni de cuidar de un lápiz.

Es extensible, desde hace tiempo ya, la broma de que para ser padre habría que hacer exámenes previos. Pero debería tener más de verdad que de broma. Mirad lo que cuesta adoptar un hijo, los controles, papeleos, revisiones… para ver si se es capaz de darle una vida decente y responsable a esos niños. Pero si queremos tenerlos nosotros mismos, no hace falta nada. Y el problema es que muchos, casi diría que más que menos, no analizan ni lo más mínimo el paso. Parejas casi rotas que intentan solucionar su relación teniendo un hijo. Familias sin recursos que tienen dos, tres o más hijos, en condiciones nefastas para los pequeños. Personas que no tienen ni un hueco libre en su día, y deciden tener descendencia sin modificar lo mas mínimo sus agendas, y teniéndo hijos para que los críen otros…

Las instituciones y organismos, en su empeño de crecer, nos alarman y nos dicen que debe subir el nivel de población. Para ellos es la forma mas fácil de garantizar el futuro no teniendo que estrujarse el cerebro para buscar una forma mas sostenible de evolucionar sin tener que multiplicar los millones de personas que viven en el planeta. Así que fomentan la proliferación de bebes que vienen al mundo, aunque sea sin recursos, porque en la cifra está la solución, y para garantizar el crecimiento debe haber más gente en el mundo, viviendo para el sistema, e ingresando para ellos. A su vez, se ha demostrado que los niños son el mayor publico potencial para el consumismo. No ellos, sino más bien sus padres. Cualquier negocio enfocado al público infantil tiene muchas más probabilidades de éxito. Así que la industria del marketing también te va a hacer ver que debes tener hijos.

Por lo que, si tu entorno te va a hacer ver que “ya te toca”. Si los organismos y gobiernos van a decirnos que la población infantil debe crecer. Si todos los impactos visuales que nos inundan cada día nos van a vender que la familia perfecta siempre se muestra con 2 o 3 hijos. Y a esto se une también el miedo a hacernos mayores y que nadie nos cuide (como si fueran a preocuparse las nuevas generaciones de sus mayores). Pues con todo este caldo de cultivo, tenemos la realidad, que un alto porcentaje de bebes que vienen al mundo lo hacen en condiciones que no son apropiadas para su buen desarrollo. O dicho de otra manera, más de la mitad de las personas que deciden se padres, no tienen ni puñetera idea de lo que están haciendo.

Todos queremos antes o después ser padres, pero cuidado, porque en este caso, querer no es siempre poder, y tendríamos que analizar un poco mas el sí se puede que el sí se quiere.

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