Bienvenidos al “Quick Design”

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Bienvenidos al “Quick Design”

Grandes campañas de publicidad, laboriosas y extensas creaciones gráficas, proyectos globales de branding corporativo, encargos a largo plazo,… Olvídate. Si no eres una gran Agencia de publicidad o un conocido Estudio de diseño, olvídate. Tu mundo no es ese. Tu mundo no está dentro de esas películas tan de moda actualmente, donde los protagonistas siempre son afortunados creativos que se reúnen en mesas de diez personas, presentando grandes ideas en soportes de cartón pluma. Esa no será tu vida. Tu calendario no estará marcado con grandes fiestas de clientes, ni glamurosas presentaciones de marcas, colecciones, o proyectos. Ni tan siquiera tu agenda contemplará pedidos más allá de las próximas dos semanas.

Todo eso se reserva a unos pocos, no diremos mejores ni peores, pero sí mejor colocados. El resto, la gran mayoría, estamos a otras cosas. Las pequeñas agencias, estudios o diseñadores, se baten en el día a día, a pie de calle. En el tú a tú y el boca a boca. En los pedidos rápidos, las entregas para ayer, y los presupuestos tasados a horas. En las ideas mecanizadas y las creaciones rápidas. El “quick design”, que viene a ser como el “fast food” pero en el mundo de la creatividad. Pedir, cocinar y servir.

Tu forma de trabajar estará basada en gran cantidad de pequeños encargos, con plazos de tiempo siempre urgentes, y en los que debes afinar rápido las ideas para no perder la marcha. Con suerte, en alguna ocasión, tendrás uno o dos días para poder madurar el trabajo y pensar mientras conduces, de camino entre reunión y reunión, una brillante idea que culmine en algo bueno, y que te haga terminar la semana pensando que quizás no sólo seas ese “escupidor de diseños” que trabaja a destajo. Por más que quieras, no existirán los briefings, aunque en tus comienzos desarrollaras ingenuamente plantillas para trabajarlos con tus clientes. No sabrás lo que es el horario europeo, ni el “coffee time”, el “yoga time”, ni nada que conjugue con la palabra “time”. Trabajarás varias creaciones a la vez, sin orden que lo pueda, con siete ventanas y varios programas abiertos. Y cuando te pregunten cómo te va la faena, siempre dirás que bien, porque en el fondo te sentirás afortunado de hacer lo que haces, y de poder sacar no las más brillantes ideas y creaciones, pero sin el mayor número posible de ellas. Estarás en ese otro mundo del diseño del que no se habla a grandes voces, pero el que ocupamos la gran mayoría de nosotros: el mundo del “quick design”

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