La nueva vida de Rita...

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La nueva vida de Rita...

Andaba desorientada, caminaba carretera recta, en la oscuridad, sola, sin saber hacia donde tirar ni a donde ir. Las luces del coche aún la aturdían más, y hacía cambios de dirección como si no supiese muy bien hacia donde estaba su hogar. Abrimos la puerta del coche e hizo amago de acercarse, pero no veía nada. Bajamos y la llamamos, y enseguida se acerco. Tenía miedo, pero creo que las ganas de recibir ayuda vencían al temor de que le hiciesen algo. No sabíamos ni cuanto tiempo tenía, ni cuanto tiempo estaba por ahí perdida, ni cuanto hacía que no tenia un hogar, ni siquiera si lo había tenido en algún momento.

Era toda blanca, con ese tono cremoso que recuerda a la vainilla. Estaba bastante delgada y tenía las uñas largas, como si llevase mucho tiempo caminando pero sin correr, como cualquier perro abandonado que transita sin rumbo ni consuelo. La cola se le escondía entre las piernas a más no poder, hasta casi llegarle a la parte baja del cuello. Los ojos marrones no brillaban ni con el reflejo de los faros, y la mirada era claramente de tristeza. Estaba sucia, pulgosa, garrapatera,… pero guapa como ella sola.
Le abrimos la puerta del coche, no quería acercarse. Agachaba el culo y temblaba, así que decidimos cogerla y subirla al asiento de atrás, a ver como reaccionaba. Cerramos las puertas y arrancamos. Incomprensiblemente, cuando pensábamos que se pondría nerviosa y asustada, nos miró, se tumbó encogida, e instantáneamente le cambio el rostro, como si estuviera pensando: “ya estoy salvada”

Nunca creo habíamos pasado un domingo de madrugada por esa carretera, es más, nunca estamos un domingo de madrugada fuera de casa. Pero parece que ese día teníamos que volver tarde de Valencia, teníamos que dar rodeos para buscar una gasolinera abierta, teníamos que pasar por ese camino para poder cruzarnos con ella. Llegamos a casa ,y aunque asustada, entró a la terraza bastante relajada. Bimba la recibió de la manera más natural, se olieron, se siguieron, y todo fue con normalidad. Devoró la comida que le pusimos, y creo que hubiera comido sin parar hasta que le reventase el estomago. La bañamos, la secamos, estuvimos un rato con ella y la dejamos en la caseta para dormir. Al día siguiente la llevamos al veterinario, le compramos un collar, una correa y unas chuches, y estuvimos todo el día pendiente de ella.

Rita lleva ya una semana casi con nosotros. Es dócil, obediente, educada. Parece juguetona, pero de momento sólo quiere que la toques y la acaricies. Se pasaría horas con la cabeza entre tus rodillas, y no hay vez que la mires y no mueva la colita con energía. Andaba desorientada, sin saber muy bien hacia donde estaba su hogar, y de momento lo ha encontrada entre nosotros.

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