Parábola del hogar

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Parábola del hogar

Voy a contaros donde vivo, el peculiar lugar que habito. Aquí es donde nací, es mi casa, mi único sitio. La comparto con otras personas. Siempre hemos tenido todo lo que necesitamos, o al menos así era antes.

La casa está dividida en varias habitaciones. La primera y más importante, es la despensa. Es muy grande. En ella tenemos todo lo necesario para comer, todo aquello que nos proporcionan los animales y plantas que poseemos.  Aquí entramos, nos servimos, y la verdad que no nos preocupamos mucho de controlar las existencias, ni de estudiar cómo reponer los víveres que vamos gastando. Es tan grande que siempre ha habido comida de sobra.

La segunda habitación es una cuadra, llena de animales, los cuales nos sirven para alimentarnos, darnos leche, huevos, calor, etc… Hace un tiempo nos fijamos en sus pieles, plumas, dientes,…  que nos sirven para crear ropa y complementos con los que vestir nuestras mejores galas cuando vienen invitados. Así que de vez en cuando, matamos algún animal que otro, para despellejarlo y hacernos las más bonitas y curiosas vestimentas.  Tengo que admitir que su carne muchas veces la tiramos a la basura, porque nos da pereza prepararla para almacenarla, y como tenemos comida de sobra en la despensa… También descubrimos que la leche de las hembras, además de para alimentarnos, era buena para la piel, y desde entonces nos damos buenos baños de leche, al más puro estilo cleopatra. Ahora se necesita más leche, claro, así que tenemos a las hembras enganchadas a una máquina, produciendo caldos todo el día. Se les empieza a ver un poco agotadas, cada vez sacan menos leche, y parece ser que este año no se están reproduciendo.

En la tercera, tenemos una inmensa balsa de agua. De esta habitación no se encarga nadie, solo entramos en verano, para bañarnos. Los grifos de la casa suelen estar abiertos, porque es más cómodo, y mientras haya agua, para que vamos a preocuparnos de la que quede en la balsa. Nos damos varias duchas fresquitas en verano y buenos baños calientes en invierno, regamos la terraza todos los días, etc… Nunca nos ha faltado agua.

La última de ellas la utilizásemos exclusivamente para dejar toda la basura que consumimos, que allí se va acumulando. Nunca nos hemos parado a pensar que haremos cuando se llene, pero bueno, supongo que buscar otro sitio donde dejarla.

En la terraza, hace tiempo que empezamos a vender las flores y frutos de varias de las plantas que tenemos, sin preocuparnos de replantarlas, porque solo pensamos que a corto plazo esto nos está dando muchos beneficios, y eso es lo que más nos importa ahora. Como arrancamos los tallos, las plantas no se regeneran muy bien, pero siguen saliendo, aunque sea en menos cantidad.

Después de ver el éxito de comercializar con nuestras plantas y frutos, empezamos a hacer lo mismo con los ladrillos, los azulejos, los cristales, los maceteros de algunas plantas ya vacías, las pieles de algunos animales que matamos para ello…  Nuestros ingresos cada vez son más grandes. La casa empieza a mostrar un aspecto un poco más pobre, pero con el dinero que recogemos compramos toda clase de caprichos, con los que llenamos el salón de nuestra vida.

El salón es donde pasamos ahora casi todo el tiempo. La terraza empieza a estar más fea, los animales son menos y los que quedan ya no quieren interactuar con nosotros. La balsa de agua a veces se enmohece, por estar cerrada y no revisarla, y se empieza a ver el fondo, así que ya no te puedes tirar de cabeza como antes. En fin, que ahora solo vivimos en salón, pero aquí tenemos todos los lujos que se pueden imaginar, y somos muy felices.

Ayer tocó un loco a la puerta, y nos dijo que no éramos conscientes de lo que estábamos haciendo. Auguró un futuro en el que poco a poco, la despensa se vaciará, los animales envejecerán y morirán, sin reproducirse, y las plantas se secarán sin poder regarlas, el poco agua que quede será imbebible y la basura nos desbordará sin saber qué hacer con la que sigamos generando. Los nuestros le dijeron que se marchase, que se fuese a amargar la felicidad a otra gente, porque ese momento no llegará y si llega, tenemos dinero suficiente para volver a comprar todo lo necesario en otra casa, hasta incluso comprar una nueva.

El hombre se marchó, no antes sin dejarnos una pregunta que nadie supo responder ¿Qué pasará entonces si descubrimos que el resto de casas también han acabado como la nuestra?

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